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Cuando estaba iniciando el mes de junio, lastimosamente murió Anyul Romano de Chalela en la ciudad de Barranquilla, donde vivía con su hija Sorayda, magistrada de Justicia y Paz, desde hace varios años
Registramos con profundo dolor la partida de doña Anyul, reconocida dama de la sociedad ocañera, hermana de los también fallecidos hermanos Juan y Raúl Romano Marun y de nuestro ilustre amigo Héctor Romano, residenciado en la capital de la Republica. Con motivo del fallecimiento Héctor viajó a la capital del Atlántico y en el funeral de su querida hermana, pronuncio estas sentidas palabras:
“Reverendo Padre celebrante, querida familia y amigos…
Con profunda tristeza en nuestro espíritu, pero con el alma plena de resignación cristiana, despedimos los restos mortales de ANYUL ROMANO DE CHALELA. Mujer bondadosa como pocas, cuyo corazón fue un verdadero mido de amor para los suyos, especialmente para sus hijos y para Enrique su esposo, que la precedió hace ya varios años en el insondable camino hacia las estrellas y la eternidad.
Anyul, duante su larga y plena vida le hizo honor a su nombre:
Anyul, Anyel…Angel, el nombre de su abuela paterna libanesa. Y fue, a no dudarlo, un verdadero ángel luminoso en esta tierra. Fue bella en su ropaje material e increíblemente hermosa en las esencias de su espíritu. Sus inefables ojos verdes fueron dos invaluables estrellas que brillaron hasta el último segundo de su vida proyectando serenidad y paz. Su boca, siempre inclinada al consejo oportuno nunca pronunció una palabra agresiva, procaz o grosera. Jamás alteró su dulce talante. Fue, en síntesis, una mujer buena…
En su tierra nativa, Ocaña, pequeño reino de la Virgen María, en su  advocación de Nuestra Señora de Torcoroma,  vió la luz primera, siendo sus padres Juan Romano Fadul y Rosa Marún Saab de católica estirpe maronita y hoy ellos, también, de feliz e inextinguible memoria para nosotros, los suyos.
Transcurrió su vida, amable y serena al lado de sus siete hijos, físicamente al principio y, luego, espiritualmente con el paso de los años, pero siempre como un foco de luz de inusual y esplendoroso brillo.
Hoy, ante la comunidad eclesial y ante sus despojos mortales, pedimos a Dios Altísimo, Señor del universo, le haya abierto las puertas doradas de la gloria eterna”

Murió en Barranquilla Anyul Romano de Chalela